Llegó el fin de semana y con él la pregunta del millón ¿Qué hacemos hoy, es fin de semana de Halloween así que debía haber muchas cosas por hacer no? Mi esposo es #1 en encontrar actividades divertidas y me dijo:
- “El Museo de Fort Lauderdale tiene hoy una actividad por el Día de los Muertos, habrán títeres gigantes, altares y hasta un desfile ¿quieres que vayamos?
A lo que yo contesté emocionada:
- “Claro, suena divertido, nunca lo he celebrado y me gustaría ver los altares”
Con una sonrisita maliciosa me dijo:
- “Pero hay un “catch” hay que ir disfrazados de algún artista ya fallecido”
Por un momento mi mente entró en un loco espiral de posibilidades: Warhol (pero no tengo un peluquín), Dalí (cómo consigo esos bigotes), Van Gogh (él se cortó una oreja – ouch) Geogia O’Keefe (no tengo atuendos estilo “western”). De pronto, la luz: FRIDA KAHLO, ¡claro! lo único que necesito son flores, un chal y una uni-ceja, ¿qué tan difícil puede ser?
Ansiosa, me lancé dentro de mi closet en búsqueda de alguna vestimenta que me ayudara a convertirme por unas horas en tan artístico personaje.
- Bobby pins
- Vestido
- Chal
- Trenzas
- Flores
- un poquito de bigote
- last but not least: La Uni-ceja
Ya vestida de Frida, salimos rumbo al museo. Ahí nos encontramos con gigantescas calaveras, fantasmas, gatos y un grupo de personas que contagiadas con la fiebre de los muertos se preparaban a desfilar por las calles de Fort Lauderdale. Estoy segura que asustamos a más de un cristiano, quien conduciendo su auto se encontró con un divertido grupo de muertos muy vivos.
Finalmente, monstros, calaveras, y Fridas, llegamos al lugar donde se exhibían los altares y obras de arte alusivos a la celebración. Gente tomaba fotos cuales paparazzi, tanto niños como adultos caímos víctimas de la curiosidad por los mágicos objetos que nos rodeaban; y entre pláticas y carcajadas pasó lo imaginable… de la nada apareció un grupo de zombis y comenzó el tan gringo ¡Thriller dance! OMG
Mientras los zombis bailaban, comencé a caminar admirando más íntimamente los altares. Estoy acostumbrada a “enflorar” a mis fallecidos, pero los mexicanos hacen de ésta una experiencia mucho más personal. Hubo un altar en particular que atrajo mi atención. En él, una tierna foto, flores, calaveras de azúcar y alimentos que estas personas disfrutaban en vida: cerveza, palomitas de maíz, maní, pastel de manzana. De pronto pensé, no soy mexicana, pero si lo fuera, ¿qué pondrían mis seres queridos en mi altar una vez partiera de este mundo? Bueno… espero que unas buenas pupusas de queso con loroco, una Margarita (frozen & salt please), una mega-caja de chocolates Godiva, muchas flores y algo muy importante, ¡un cd player tocando la música que en vida me hizo mover desenfrenadamente mi esqueleto!
Y a ti, ¿qué te gustarían que pusieran en tu altar?















